| El nóbel del
año | |||
| Günter Blobel | |||
Günter Blobel nació en Waltersdorf (Silesia, Alemania) el 21 de mayo de 1936. Estudió Medicina en la Universidad de Tubingen, y en 1960 emigró a los Estados Unidos. Su actividad investigadora y docente se ha desarrollado prácticamente en su totalidad en la Universidad Rockefeller, de Nueva York, aunque a partir de 1986 también colaboró en el Instituto Howard Hughes de la misma ciudad. En el momento de recibir el Premio Nobel contaba con 63 años de edad y compatibilizaba su trabajo en este centro y en el Departamento de Biología Celular de la Universidad Rockefeller. La importancia de los trabajos de este científico alemán se refleja en los numerosos premios recibidos de todas las partes del mundo a lo largo de su vida investigadora. Recibió el Premio Nobel por ser pionero en el estudio de los procesos internos que tienen lugar en las células. Sus hallazgos han proporcionado un poco de luz en enfermedades como la fibrosis quística, y han servido para sentar los pilares de la bioingeniería de sustancias como la insulina o la hormona del crecimiento. Su descubrimiento más importante ha sido el reconocimiento de que las proteínas llevan incorporadas ciertas señales que tienen la función de llevarlas a su localización definitiva dentro de las diferentes estructuras celulares. Con estas señales, las proteínas pueden encontrar, dentro del billón de moléculas de proteínas que hay dentro de una célula, su localización exacta. Un ejemplo muy gráfico de lo que significan estas señales lo expuso Ralf Petterson, profesor de Biología Molecular del Instituto Karolinska, al indicar que cualquier persona que llega a una gran ciudad desconocida, con numerosos bloques de edificios o complejos de casas, se perdería. Las señales actúan como verdaderas tarjetas de equipaje o códigos postales que ayudan a las proteínas a encontrar su dirección adecuada. Aprovechando esta comparación, se puede
decir que las proteínas son largas cadenas de moléculas constituidas
por millones de bloques de construcción llamadas aminoácidos; las
señales descubiertas por Blobel son secuencias especiales de aminoácidos
que se encuentran al final de una proteína o dentro de ellas, y que orientan
de forma precisa la dirección que deben tomar. Estas señales específicas
determinan el lugar concreto que debe ocupar la proteína dentro de la célula
para que el funcionamiento celular sea correcto, indican si la proteína
debe quedarse dentro de la célula, si debe incluirse en la membrana o si
debe ser transportada fuera del territorio celular. Los posibles errores en las
señales son la causa de algunas enfermedades hereditarias, incluyendo la
hiperoxaliuria primaria, que es la causa de la formación de piedras en
el riñón a edades tempranas, de algunas formas de hipercolesterolemia
hereditaria o de la fibrosis quística. Así como se ha conseguido mapear el genoma humano, también entra dentro de lo posible deducir la estructura y señales topogénicas de las proteínas. Este hallazgo puede incrementar el conocimiento de los procesos que llevan a diversas enfermedades y podrá ser utilizado para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas. Algunas drogas actuales, como la insulina o el interferón, se producen en forma de proteínas; con estas señales se podrían modificar los genes de las proteínas deseadas y convertir las células en auténticas factorías de proteínas. | |||
| Lo más destacado del
año | |
| El
'Lyon Heart' se perfila como el corazón artificial definitivo Muchas
personas padecen cardiopatías susceptibles de trasplante cardiaco. Sin
embargo, sólo un pequeño porcentaje de afectados recibirán
un órgano que permita salvarles la vida. Para paliar esta situación,
se han diseñado corazones artificiales implantables. El Hospital Juan Canalejo,
de La Coruña, presentó a finales de 1999 un programa para la implantación
de un dispositivo denominado Heart Mate, que que es el primero que llega a los
hospitales españoles. El doctor alemán Reiner Körfer ha sido el pionero en insertar con éxito un aparato de estas características en un paciente. La intervención se llevó a cabo en el mes de octubre en el Heart Centre Bad Oeynhausen, de Alemania. La implantación del dispositivo, realizada a un varón, fue un éxito y el equipo que efectuó el implante afirmó que esta tecnología constituye el futuro porque ofrece una calidad de vida mejor que los prototipos anteriores, y en los próximos años se logrará abaratar su coste. El Lyon Heart es un dispositivo
completamente integrado en el organismo humano, sin cables ni baterías
exteriores. Según Alberto Juffé Stein, jefe del Servicio de Cirugía
Cardíaca del Hospital Juan Canalejo, de La Coruña, "este implante
es definitivo y, a diferencia de modelos anteriores, la fuente de alimentación
es intracorpórea, y se coloca entre la piel y un músculo del tórax.
La recarga se produce por vía transcutánea por medio de una pila
que se sitúa en el exterior". A
tenor de los datos manejados por Alberto Juffé, entre el 70 y el 80 por
ciento de los pacientes a los que se les implanta un aparato de estas características
sobrevive transcurrido un año desde la intervención. Las características anteriores del nuevo corazón artificial han posibilitado que "algunos pacientes que se han beneficiado de esta tecnología pudieran ser trasladados a hoteles hospitalarios, otros se fueron a casa e incluso algunos se incorporaron al trabajo", aseguró Juffé. En este prototipo un tubo conecta el ventrículo izquierdo con el ventrículo artificial y la aorta. El dispositivo que se utiliza para la fuente de energía ha ido reduciendo su tamaño desde que se implantó el primer corazón mecánico, en la década de 1960. Los avances tecnológicos han permitido ir reduciendo las dimensiones de estos aparatos desde el tamaño de una lavadora, que tenían los primeros prototipos del corazón mecánico, al de una mochila, que tiene el modelo anterior al Heart Mate. A juicio del especialista del Hospital Juan Canalejo, el corazón mecánico constituye actualmente la mejor alternativa al trasplante, y ha recordado que son miles los pacientes que sufren insuficiencia cardiaca, bien derivada de una enfermedad coronaria o bien a consecuencia de una miocardiopatía dilatada idiopática, de los que sólo un porcentaje mínimo se benefician de un trasplante. |